ALMA COFRADE RENOVADA

El pasado domingo fue uno de esos días en los que mi alma cofrade se recarga de ilusión y  de ganas de seguir trabajando por la Iglesia desde una hermandad.  Y es que,  también impregnado de la fuerza del Espíritu Santo que quince hermanos recibieron por medio de nuestro obispo durante su confirmación, me sentí renovado y fortalecido por esa misma fuerza que hace muchos años, siendo aún muy joven, recibí de manos de D. Rafael.

En este mundo nuestro en el que prima la desacralización y las banalidades mundanas, me llena de orgullo que en el seno de mi hermandad haya personas que quieran vivir su fe en Cristo y trabajar por su Iglesia. Me llena de profunda satisfacción y entusiasmo que, más allá de la Cuaresma, de la salida del Martes Santo, de esa belleza exterior que tiene nuestro mundo cofrade, encuentren en la palabra de Dios un camino de servicio al prójimo y un modelo de vida que mostrar a los demás.  Me llena de motivos y de ganas de seguir trabajando que,  de esta tierra, muchas veces incomprendida, menospreciada y criticada  por tantos, haya espigas que germinen y den mucho fruto.

Y así, disfrutando de ese momento sublime en el que esos hermanos recibían con gozo la fuerza del Espíritu, contemplaba con pasión inusitada el fruto del amor de Dios. Un amor transmitido a sus preparadores, que cada viernes no han faltado a la cita. Un amor transmitido a nuestro obispo D. José, a nuestro párroco D. Carlos y  a los sacerdotes y diáconos que concelebraron el acto. Un amor transmitido a los confirmandos cuyos rostros reflejaban la alegría del regalo recibido tras dos años de preparación. Un amor repartido a manos llenas a cuantos participaron en ese momento mágico que evocaba a aquel primer Pentecostés.

Fue un verdadero regalo ver a un padre y a un hijo confirmarse juntos. Fue una verdadera delicia ver un  joven, confirmado el pasado año, ser el padrino de su madre. Fue una inigualable dádiva ver a dos costaleros portando sus molías de plata en la solapa confirmando con alegría su fe en Dios.

Apagados ya los ecos de cornetas y tambores, de las crónicas pasajeras y vanaglorias mundanas de la pasada Semana Santa, junto a mi alma cofrade renovada, fueron muchos los miembros de la Junta de Gobierno y hermanos en general que sintieron como propios los soplos del Espíritu Santo que nos recordaban para qué trabajamos, para qué somos miembros de una hermandad, para qué nos quiere Dios en el seno de las cofradías.

La Virgen del Desconsuelo, como aquel día del Pentecostés, nos miraba y nos guiaba desde arriba.  Y yo la miré a Ella y a esos quince…. Y sonreí pensando en el hermoso futuro que aún le espera a este mundo.

Paco Zurita

Mayo 2022

PREGÓN FLAMENCO DE LA SEMANA SANTA DE JEREZ

A MI PADRE

Quiso Dios que yo naciera un día de San José que, además, era Domingo de Ramos. Me llamaron Francisco por aquel abuelo al  que, desgraciadamente,  no pude  conocer y José por haber llegado al mundo en tan señalado día.

Era demasiada tentación para mi padre poder bautizar a su primer hijo ante su Virgen del Desconsuelo la mañana de un Martes Santo de 1967. Y esa misma  tarde mi padre vistió la túnica rojinegra orgulloso de tener a un hijo, ya bautizado,  al que transmitirle todo el amor que sentía por su Hermandad.  ¡Y vaya si lo consiguió…!

Hoy, siete de abril de 2022, en el que mi padre cumple 83 años y yo paso de los 55, no siento el menor rubor en reconocer el profundo amor y admiración que siento por él, por su ejemplo, por su legado. Porque es de esas personas que lleva en su sangre la nobleza y la elegancia de dar sin pedir nada a cambio.  De transformar el mundo que le rodea para hacerlo más justo y mejor.

De saber ver lo bueno que existe en cada corazón humano sin importarle el daño que le han causado muchas veces.

De aceptar la voluntad de Dios y los malos momentos con determinación y  una sonrisa.

De ver felicidad en las ocasiones en los que otros ven martirios

De mirar a los ojos cara a cara  a cualquiera que se cruce en su camino sabiendo que tiene el alma limpia y el corazón puro.

De saber decir las cosas sin ofender y de escuchar las ofensas sin guardarse reproches…

El tiempo pasa y con su magistral lección de vida, todos vamos comprendiendo los desvelos y enseñanzas de aquellos que guiaron nuestros primeros pasos y nos mostraron el camino que debemos seguir en nuestro peregrinar. Y sonrío al comprobar que cada día, aún sigue mi padre dándome la mano cuando las cañadas se vuelven estrechas y oscuras.

Mirándome en su espejo, trato con todas mis fuerzas de hacer lo mismo con mis hijos para que algún día, ellos también lo hagan con los suyos.

Muchos me llaman Santiago. No me importa; No los corrijo, sonrío y contesto. Él no me dio su nombre porque quiso que mi madre tuviera un hijo que se llamara como el padre que tan joven perdió. Y, sabiendo que Dios siempre está detrás de todo, yo también sonrío al  saber que pareciéndome a mi abuelo, llamándome Paco Zurita, me llevo un trocito de cada uno. Al fin y al cabo, con orgullo indisimulado de hijo, pregono a los cuatro vientos que SANTIAGO ZURITA, sólo puede haber uno.

Paco Zurita

Abril 2022

EVOCACIÓN DE LAS SIETE PALABRAS

GOD-FULNESS

No. No les faltaba razón a mis seres más queridos. Estas pasadas Navidades, conocedores de los nuevos tiempos que se me avecinaban como prejubilado, mis más allegados pensaron con buen criterio que no habría mejores Reyes que una buena ración de libros que mantuviera mi mente ocupada. Y, aunando esfuerzos y bien encaminadas intenciones de inculcarme sólidas e ilusionantes ideas para nuevos proyectos de vida, me inundaron de obras de prestigiosos autores, eruditos todos en cultivar el poder de la mente y practicar el “Mindfulness”
Aunque ya había leído y experimentado algo sobre esta técnica para llegar a la “conciencia plena”, leí con avidez y entusiasmo todos esos libros que, además, fueron mi bálsamo para pasar las largas horas de un nuevo confinamiento por el dichoso Covid 19. Así, sumergiéndome en ese mundo maravilloso del enorme potencial de nuestra mente, aprendí sorprendentes datos científicos, fisiológicos, empíricos y toda índole en los que descubrí que todos tenemos un primitivo cerebro reptiliano (de lagarto simple y llanamente) que es el que nos permite sobrevivir y reaccionar ante los estímulos y necesidades más básicas. También que es el evolucionado lóbulo derecho del cerebro humano el que nos diferencia del resto de los mortales por su especialización en ahondar en lo desconocido, en lo oculto, en lo espiritual…
Y partiendo de todas esas realidades científicas, los autores ahondaban en la búsqueda de ese estado de la consciencia que se alcanza a través del misterioso lóbulo de derecho y que es el nos permite soñar, progresar, innovar y alcanzar metas insospechadas para la mayoría de nosotros. En esa apasionada y ansiada búsqueda del equilibrio y plenitud mentales, los avezados autores no dudaron en recorrer medio mundo para encontrar aquellas culturas o personas que lo han conseguido; Tribus primitivas de América, monjes budistas, hinduistas….. Gentes que, en definitiva, han hallado un estado de la consciencia que los ha llevado a encontrarse a sí mismos, a reencontrarse con su espíritu más puro, más auténtico, desde el que emprender un camino nuevo y apasionante. Con técnicas, entre otras muchas, como el Yoga o el mindfulness, tratan de guiarnos por ese ilusionante camino de descubrir nuestro interior más profundo, oculto y auténtico.
Curiosamente, si algo tienen en común todos los autores es en reconocer el fuerte componente espiritual de estos métodos que, se sea creyente o no, es consustancial al ser humano por esa búsqueda constante de lo desconocido, de lo inmaterial…. También es llamativo que la mayor parte de estas técnicas nacen en culturas profundamente religiosas donde el estado de ausencia de dolor y sufrimiento está íntimamente relacionado con el encuentro de esa espiritualidad interior. Esa divinidad tiene muchos nombres y muchas manifestaciones a lo largo del mundo y de la historia pero hay un solo Dios y es el mismo para todos, aunque muchos pretendamos hacerlo sólo nuestro
Sin despreciar ni mucho menos todas esas maravillosas técnicas que ayudan a encontrar el “karma” de cada uno de nosotros, también me percaté al instante que lo verdaderamente importante es el camino que lleva hasta él. Casi inadvertidamente, en el profundo deseo de transitar el mío, encuentro el equilibrio mental y la fuerza invisible de cada día en la sosegada paz de un sagrario o de un lugar apartado donde llega a escuchar la voz de Dios. El Dios de los que creemos en Cristo no hay que buscarlo; vino a encontrarnos él mismo, haciéndose uno de nosotros, entregando su vida y dejándonos su presencia en forma de sacramento eucarístico. Ya lo encontraron místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Ávila. Y lo siguen encontrando gente a la vuelta de la esquina buscando esa paz interior en el fondo de su alma.
Quizás sin saberlo estaba practicando mindfulness sin moverme del lugar en el que Dios me puso, como aquel alquimista de la novela de Paulo Coelho. Pero para que muchos hijos de este mundo amante de lo novedoso, postmoderno y encantador de almas perdidas me entiendan y puedan alcanzar esa libertad que ansían, debería llamarlo “GOD-FULNESS”.

Paco Zurita
Febrero 2022

VERGÜENZA

No sé por qué cuando empecé a leer en el Diario aquella impactante noticia de la paliza que cuatro individuos propinaron a un indefenso discapacitado mental, enseguida pensé que se trataría de jóvenes de corta edad. Supongo que tal deducción tendría que ver con la proliferación en redes sociales de vergonzosos videos de casos similares protagonizados precisamente por adolescentes.  Pero conforme fui avanzando en la lectura, identificados y detenidos los autores, mi sorpresa fue mayúscula al saber que la edad del más joven era de 20 años y el mayor tenía 47.

Y al ver la foto del pobre muchacho, cubierto su rostro de vendas  y postrado ausente en la cama de un hospital, sentí la  lógica pena por su sufrimiento y un profundo sentimiento de repugnancia y también de tristeza por los autores. Porque, de alguna manera, toda la sociedad en su conjunto es responsable de esta ola de maldad y  de violencia que está engendrando tantas alimañas entre niños que nacieron humanos.

Llegados a este punto, es lógico y normal que se les aparte de la sociedad por el tiempo que la Justicia determine. Pero, desgraciadamente, el mal que se les ha inoculado seguirá germinando en sus dañados corazones para seguir haciendo daño a su salida de la cárcel.

El problema es mucho más profundo y tiene más que ver con la falta de valores  con los que muchos adultos de hoy fueron educados y tratados  cuando eran niños. Son esos hijos de la violencia vivida en sus hogares, de injusticias consentidas en los colegios, de comportamientos no corregidos a tiempo por los mayores y de la confusión generada en los valores que deben imperar en cualquier sociedad que se considere civilizada.

En el afán por promover libertades en esa juventud que empieza a vivir, hemos hecho dejación de nuestras obligaciones  al no inculcar el respeto a los mayores, a los profesores que son ninguneados por los niños, por los padres y por los responsables políticos. Hemos de ser especialmente persistentes en la defensa de los desfavorecidos, de los discapacitados, de los diferentes en ideologías, credos o culturas.  Hemos mirado para otra parte cuando hemos dejado que esos abusos inoculados en sus incipientes conciencias se hayan traducido en comportamientos violentos e inasumibles para cualquier sociedad que se considere justa y solidaria.

Hay que dejar aparte posicionamientos interesados y egoístas, más tendentes a adoctrinar que a educar. Hemos de respetar la libertad del individuo en todo aquello que concierne a su conciencia pero, al mismo tiempo, ser tajantes en la defensa de la dignidad y  del respeto que merecen los demás. Es imprescindible detectar desde pequeño cualquier atisbo de violencia física, verbal o de cualquier  otro tipo que practique un niño contra otro, máxime cuando ese otro no ha sido tan bien tratado por la naturaleza o convierta el acoso por sus debilidades en acoso futuro a los demás.  Y está claro que estamos fallando cuando aumentan sin cesar los casos de violencia, abusos, maltratos, lo que violaciones y falta de la más absoluta misericordia con los que sufren.

Por eso siento de veras el dolor que ha recibido ese pobre muchacho golpeado por todos los que han ejecutado, propiciado y consentido un comportamiento tan vil y cobarde. Y también siento de veras que hayamos forjado seres frustrados que tengan que recurrir a ese execrable acto de violencia para llenar de sentido su existencia.

Nos queda la esperanza de buscar un mundo mejor aprendiendo de nuestros errores y así luchar sin descanso para alcanzarlo algún día, con palabras, con ejemplo, con determinación. Mientras tanto, compartiendo en la distancia el dolor de la víctima y de su familia, pido a Dios que le haga llegar al menos el aprecio y cariño de todas las personas de buena voluntad que sufren con él por lo acontecido.

Paco Zurita

Febrero 2022

EL ARMONIO CALLADO

Aquella tarde, en el viejo templo, reinaba un sepulcral silencio. El  vetusto y cansado armonio de San Mateo sólo se dejaba manejar por las manos de Agustín que, como buen amo que conoce a su criatura, le sacaba con infinita paciencia algunas notas provechosas para acompañar la misa de cada lunes. Quizás por ello, celoso de su amo y sin palabras que decir por la dolorosa ausencia, permaneció callado junto al féretro de aquel hombre que durante tanto tiempo lo hizo sonar con tanto cariño.

Miré el ramo de flores sobre la banqueta vacía que también contenía el aliento para no hacer sonar el aire que llenaba de música los tubos huecos de aquella antigualla. Y en el silencio, como ecos que resuenan en nuestra memoria y se van apagando lentamente, podíamos intuir con asombrosa realidad aquellas notas, a veces intrusas, pero siempre sinceras y llenas de pasión que el droguero de San Mateo arrancaba al cansado instrumento.

Aquel buen hombre era el alma del barrio que desde muy joven habitó entre sus muros, ganándose la vida en la pequeña y coqueta droguería donde artistas de toda la comarca buscaban productos únicos para sus lienzos. Y en la puerta del negocio, alumbradas por el sol de primavera, una a una iba dando a luz sus propias pinturas llenas de estampas nostálgicas de un Jerez de otros tiempos.

El alcalde del barrio, como cariñosamente se le conocía, soñaba con verlo bullir de nuevo, lleno de la vida de antaño en la que cientos de niños jugaban en la plaza del Mercado ante un palacio de Riquelme que aún conservaba sus techumbres. Y luchó incansablemente cada día de su vida porque así fuera, dando lo mejor de sí en compañía de su esposa María para hacer la vida de su gente más fácil, más alegre, más humana…

Pensaba en todo aquello y miré de nuevo la escena de aquella conmovedora despedida. Las velas encendidas sobre el altar consumían lentamente los trazos de colores con los que el pintor las estampaba cada Cuaresma. Y el retrato de Santa Ángela de la Cruz y una de las estaciones de penitencia que dejó con su firma parecían contestar a las letanías del Rosario que él rezaba cada lunes.

Son las ausencias de esos seres que se han hecho querer en este mundo las que se hacen dolorosamente patentes cuando nos damos cuenta del vacío que dejan en nuestras vidas.  Son esas ausencias las que nos recuerdan nuestra efímera y pasajera  existencia. Son esas ausencias las que nos hacen darnos cuenta de que cuando nos marchamos de este mundo, tan desnudos como nacemos, sólo llevamos en el equipaje el amor que hemos regalado en esta tierra.

Y así, reconociendo los que allí estábamos ese profuso equipaje de amor que se llevaba Agustín Pérez González a su droguería eterna, no había mejor música que ese silencio que lo  decía todo, que lo llenaba todo, que expresaba, como un coro de almas calladas de emoción lo mucho que queríamos a Agustín.

Queda su obra, su tenaz y abnegada lucha por el barrio, su bondadosa y humilde entrega por los demás y, sobre todo, queda el ejemplo de un cristiano que supo, con su cariño,  ganarse un barrio nuevo en el San Mateo de los cielos.

Paco Zurita

Febrero 2022

UNA RETABLO EN LA CALLE JUSTICIA

La calle Justicia, según el libro del académico y prestigioso archivero del Ayuntamiento de Jerez “Noticia histórica de las calles y plazas de Xerez de la Frontera” publicado en 1903, ya aparece así nombrada en 1581, debiéndose suponer que tomaba ese nombre porque allí tenía su domicilio el “Corregidor y Justicia mayor de la ciudad”.  También es cierto que a mediados del s. XIX fue ejecutado un reo en la plaza del Mercado esquina a  esta calle, habiendo existido en una esquina de la casa del número 12 una cruz de hierro en recuerdo de este hecho. Otras calles “Justicia” existieron en Jerez a lo largo de la historia que tuvieron relación con este poder del Estado que tantas veces olvidamos,  pero es la que cruza buena parte del intramuros jerezano desde San Mateo hasta San Juan la que pervive hasta nuestros días.

Amante como soy de pasear, dejándome embriagar de historia, por las viejas calles y callejuelas del Jerez más rancio, no hace mucho alertó mi curiosidad el remozado lienzo de un viejo casco de bodega.  Avanzaba, ya de noche, desde la monumental plaza del Mercado cuando, a la altura de Alcaidesa, la vieja y casi abandonada bodega que allí se levantaba estaba recién restaurada y blanqueada.  Una sonrisa de satisfacción se fue dibujando en mi rostro al ver cómo hay personas que apuestan por recuperar esos tesoros escondidos que  alberga el centro histórico de nuestra ciudad.  Subí encandilado el ligero repecho hacia donde la calle se ensancha y allí, flanqueado por dos coquetos farolitos, un retablo cerámico recién puesto me llenó de gozo. Era de mi Señor de las Penas que tantas veces ha pasado por esta calle a lo largo de sus más de 300 años de historia de su hermandad.

Sonreí al verlo y recé un ratito fijando mi mirada en la profundidad inmensa de la suya. Y le pedí por ese señor que ha tenido el coraje, pero también el enorme acierto, de apostar por el patrimonio de su tierra, por su cultura, por  su economía y bienestar.   Le pedí de corazón que tenga éxito en su empresa, que lleva un nombre tan ligado al mundo del vino y que bendijera a cada persona que trabaje entre sus viejos muros.

Aunque la justicia de los hombres no siempre está a la altura de lo que se espera de ella, no ocurre lo mismo con la divina. Y ya reinando en ese tramo de la vieja calle, el Señor de las Penas la derramará en abundancia para todos aquellos que pasen por allí y, cómo no, para aquel que se acordó de Dios en esta apasionante empresa que ahora comienza.

Paco Zurita

Enero 2022

UNA MARIPOSA POR LOS QUE ESTÁN EN EL CIELO

Hoy que sigo empeñado en hacer limpieza de papeles, cacharros y otros enseres, que he ido guardando sin reparo a lo largo de muchos años, he encontrado una cajita de mariposas. Recuerdo que se la compré, aunque he olvidado cuánto tiempo hace de ello,  a Carmen, la entrañable propietaria de la añorada droguería España en la plaza de Plateros.

No pude resistir en aquel momento la tentación de adquirir un cajita de esos pequeños “pabilos flotantes”, que me evocaban  lejanos tiempos en los que,    por la fiesta de Todos los Santos, mis abuelas y tías encendían mariposas por los difuntos a la Virgen del Carmen.  Y, aunque no era el mes de los difuntos ni tampoco el día  de la Virgen del Carmen,  no pude resistir la tentación de encender una de esas mariposas  para revivir aquellos queridos recuerdos.

Bastaba un vasito o recipiente de cristal donde se vertía agua y aceite, esos dos elementos que, no pudiéndose mezclar, toma cada uno el lugar que le ha destinado la naturaleza,  dejando al menos denso óleo en la parte más elevada.  Una vez se separaban ambos elementos, bastaba con dejar flotar un circulito de corcho con un papel de aluminio en su parte superior y encender el pabilo,  que atravesaba a uno y a otro, sobre el aceite del que bebía la llama.

No quería que mi intención quedara en el mero capricho de recordar cómo era aquel sencillo y familiar proceso y me acordé también de las verdaderas intenciones que llevaba el acto. Y pensé  en tantas cosas que nos preocupan cada día, en tantas personas que necesitan de nuestras buenas intenciones, en tantas necesidades que pasan los desfavorecidos de esta sociedad, en tantas y tantas cosas que no se pueden lograr de otra manera que encendiendo  una lámpara a Dios. Y me acordé también de los que ya no están entre nosotros pero, aunque no los veamos, siguen estando de alguna manera representados en esa luz encendida.

Puse la mariposa ante esa Sagrada Familia que sigue recordándonos en casa que hoy sigue siendo Navidad.

Puse esa diminuta pero brillante luz ante ese Niño que nos recuerda que la vida es eterna para todos los que cree en él.

Puse esa luz ante su madre y ante ese San José que nos repite cada día que hay que confiar en ese Niño a pesar de las dificultades que nos pone la vida.

Y puse esa mariposa por todos aquellos seres queridos que la encendieron en su día y hoy la contemplan cara a cara. Ellos siguen velando por nosotros e interceden ante Dios por nuestras intenciones.  Sin duda nos estarán animando para que nunca dejemos de encender esas mariposas que ellos encendieron en este mundo porque saben en verdad cómo es  la verdadera luz que evocamos y que ellos ya contemplan en el cielo.

Paco Zurita

Enero 2022

2022; UN NUEVO COMIENZO

Muchas veces tenemos la tentación, incluso la necesidad de buscar en el pasado un tiempo al que aferrarnos……

Posiblemente porque me faltaba poco para cerrar mi etapa de treinta años en el banco, el mes pasado me escapé con mi esposa en busca de un tiempo y  de un lugar que dejamos atrás tratando así, inútilmente, de agarrarme a ellos.

Calatayud fue mi primer destino como director en la entonces Caja Madrid y con veintisiete años y recién casados, la vida nos sonreía. Lejos de nuestras familias pero llenos de ilusiones, en aquella ciudad aragonesa forjamos nuestro matrimonio y nuestro porvenir. No exenta de renuncias y sacrificios, aquella etapa dejó entrañables recuerdos en nuestras vidas. Quizás por ello, próximo al omega de esa parte de mi existencia, busqué el alfa….¡En vano! Y digo en vano porque tantos años después de aquel comienzo, no fuimos capaces de revivir nada de lo que vivimos entonces.

Ya no existía el  bar donde compartíamos buenos ratos, ni la confitería donde comprábamos turrones.  El viejo convento derruido frente a casa era ahora un lujoso hotel y mi antigua oficina se había convertido en   un bazar chino. Ya no estaban las personas que conocimos, ni Tomás, el viejo párroco de San Juan, ni nadie recordaba a aquel muchacho andaluz que llegó cargado de ilusiones. Pero sobre todo, nosotros ya no éramos los mismos que fuimos entonces.

Nos miramos a los ojos y lo entendimos al instante. Al día siguiente nos despedimos de Calatayud y de aquella etapa de nuestra vida y regresamos a Jerez por una ruta inexplorada y desconocida que atravesaba tierras inhóspitas del alto Tajo, tratando de evocar con este gesto la búsqueda de un nuevo comienzo, de una nueva etapa llena de incertidumbre pero al mismo tiempo retadora e ilusionante.

Quizás era necesario que viviera esa experiencia para darme cuenta de la inutilidad de aferrarse al pasado sintiendo  nostalgia por todo lo bueno que dejamos atrás. Quizás Dios me abrió los ojos para que reconociera cuán falaz es querer parar el reloj de la existencia cuando sigue corriendo y renunciamos así a vivirla.

Cuando llegamos a Jerez eché en falta mi bufanda y traté de recordar dónde me la había puesto por última vez.  Busqué entre las fotos del móvil  y me percaté enseguida. Fue en el mirador de la Virgen de la Peña, la patrona de Calatayud. Allí se me cayó al montarme en el coche antes de iniciar el camino de regreso.  Y allí también  me dejé  una parte de mi vida de la que guardo gratos recuerdos que no quisiera manchar de vanos deseos.  Era una bonita bufanda que me  regaló mi esposa, como  también me regala hermosos momentos cada día, cada hora, cada instante que aún Dios nos permita vivir. Y aún me podrá regalar otras que pueda lucir en lugares nuevos, en tiempos nuevos, en experiencias nuevas.

Acaba el año 2021 y con él termina una gran etapa en el banco y en mi vida que tuve la suerte de vivir intensamente. Empieza 2022 y con él una  oportunidad de vivir nuevos comienzos, nuevas ilusiones, nuevas historias por escribir. Acaba una etapa y comienza otra y aquí sigo yo mientras Dios quiera cargado de buenos deseos, ganas renovadas y firme propósito de no mirar atrás para buscar lo que ya no existe.

¡Feliz Año Nuevo!

Paco Zurita