EL MILAGRO ESPAÑOL

Tras la Segunda Guerra mundial, Alemania quedó devastada, dividida y humillada. Más aún, la deuda de guerra contraída con las potencias vencedoras hacía que el país teutón no pudiera partir ni siquiera de cero.

El conocido como “Milagro económico alemán” puede cimentarse y resumirse en la voluntad de un pueblo abnegado, responsable, trabajador y, sobre todo, unido en pos de una causa común; dejar atrás la miseria y convertirse en una de las más poderosas economías del mundo.

Afortunadamente no tenemos un país devastado en infraestructuras o en tejido productivo. Pero desgraciadamente tenemos un país que no se encuentra a sí mismo y que, con aplausos a los héroes, trata inútilmente de unirse en pos de un gesto que nos haga darnos cuenta que hay que salir juntos de esta situación en la que nos ha puesto un virus invisible.

El pueblo español, a lo largo de sus más de quinientos años de historia, ha salido fortalecido de los envites de enemigos internos y externos que han puesto en jaque su continuidad como Estado. Este mortífero virus se está cebando precisamente con esa generación que nos dio una nueva oportunidad de convivencia y   cimentó las bases de casi 40 años de prosperidad.

Este nuevo enemigo a batir no ha hecho más que recordarnos que hay otros virus más peligrosos que acechan nuestra convivencia y el bienestar que hemos alcanzado. Son los que inoculan los aprovechados que quieren cambiar el Régimen o los “salvapatrias” que aprovechan la coyuntura para hacerse héroes, o los líderes insensatos que desdeñan ayudas y generosidad  porque se bastan solos en sus ensoñaciones nacionalistas.  Cuando todo pase, los que sobrevivan tendrán tiempo de juzgarlos en esta vida, y los muertos que han causado o puedan causar sus egoísmos o su irresponsabilidad lo harán desde el cielo.

Ahora, que España vive confinada y nos adentramos en los días grandes de la Pascua, es momento de enterrar rencores, desdeñar bajezas morales, aplaudir comportamientos ejemplares  y evitar estériles divisiones.  De superar miedos, cómo el que tuvieron los apóstoles cuando todo estaba perdido y cuya esperanza se recuperó ese Domingo de Resurrección….

Es hora de actuar como lo hizo el pueblo alemán  pero con la ventaja de no partir de cero. Es hora de determinación,  de generosidad,  de unidad y de responsabilidad.  Es hora de resaltar la grandeza que tiene este  noble pueblo dentro del corazón de cada uno de nosotros. Quizás entonces podamos decir con orgullo que también existe “El milagro español”

Paco Zurita

abril 2020

QUINCE EUROS

Apenas si tuve tiempo de conocerlo profundamente, pero tampoco me hacía falta más para darme cuenta de lo grande y hermoso que puede llegar a ser el corazón humano, porque este cura se ganó el cariño de toda una ciudad en apenas 7 años.

El padre Jesús, panadero de profesión, se ordenó sacerdote cuando superaba ampliamente los cuarenta años. Nacido en el pueblo manchego de Herencia, dejó  todo cuanto poseía y se entregó en cuerpo y alma a Dios y a los demás.

Fue haciendo el bien a todo el que podía y, en las pocas ocasiones que tuve  la oportunidad de hablar con él, una sensación de paz y alegría impregnaba mi alma.

Su sonrisa,  siempre en la boca, tenía ese hermoso don de transmitir confianza y cercanía a  los que se cruzaban en su camino. Fue pregonero de la Semana Santa de Jerez  poco antes de morir en la recién estrenada primavera de 2008.

Aunque estaba delicado del corazón y padecía varias dolencias, su muerte llegó por sorpresa una madrugada. A la mañana siguiente, la noticia corrió como un reguero de pólvora y no eran ni siquiera las doce cuando el convento de la Merced  ya estaba lleno de gente, velando su cuerpo inerte que yacía ante el niño Jesús de la Virgen de la Merced que había sido bajado de los brazos de su Madre.

Aquella escena me produjo un profundo sentimiento que hizo aflorar en mí lágrimas que no estaba acostumbrado a verter. Y no era sólo yo….

A las cinco de la tarde, en el funeral, la iglesia estaba literalmente atestada de gente que sollozaba, se abrazaba y lloraba la pérdida de este mercedario que en tan poco tiempo se ganó el cariño de muchos, la admiración de otros y el respeto de todos.

Las palabras del Obispo y la del Comendador después, acabaron con mi resistencia y acabé sucumbiendo a una extraña pena que me invadía el alma.

El padre Felipe, su amigo y maestro, comentó con sentimiento que,  cuando recogió la cartera del padre Jesús, sólo encontró 15 euros. ¿A dónde iba ese hombre con tan poca cantidad de dinero?….. A todas partes. Siempre iba así. No necesitaba nada más para sentirse lleno en esta vida.

Sin lugar a dudas, comprendí que hay almas que llenan las de los demás casi sin proponérselo y aquel “pajarillo de Dios”, como lo calificó su amigo, profesor y compañero, llegó de la Mancha y llenó el alma de muchos jerezanos.

Y, ahora, que tanto sufre el mundo y tantas personas van a pasar necesidades y privaciones, me he acordado de él, porque se sentía pleno y feliz dándose a los demás con sólo quince euros en su bolsillo, despojándose de lo superfluo e innecesario y abrazando el amor de Dios en cada uno de sus hermanos.

Aquí estamos de paso en nuestro caminar hacia  ese mundo donde no existe llanto ni dolor. Mientras,  nos toca más que nunca,  ser solidarios entre nosotros, saborear la humanidad perdida, recuperar valores olvidados y,  lo   que realmente inspira todo lo anterior; El amor de Dios.

Paco Zurita

Abril 2020

UN MUNDO MEJOR

Dicen que los cielos son más azules, los ríos más limpios y la gente más buena y sincera.  Pero seguimos siendo los mismos, sólo que  han bastado unos pocos días  para  que un invisible e indómito microorganismo haya dejado al aire nuestras miserias y vergüenzas.

Es como si esta pandemia nos hubiera puesto ante un espejo en el que, mirándonos, hayamos descubierto lo que realmente somos y valemos.

Es como si esta cura colectiva de humildad nos hubiera despertado de repente de nuestros sueños de grandeza y de estar por encima de toda la creación.

Es como si, mirando la inmensidad de nuestra insignificancia, hayamos caído en la cuenta de lo mucho que necesitamos a los demás.

Miro a mi alrededor, escucho a mi alrededor, siento a mi alrededor que, por primera vez en mucho tiempo,  el amor humano que rebrota de nuestros propios miedos y temores, de nuestra separación y ausencias, de nuestra soledad y abatimiento, brilla más que nunca.  El amor fraterno por aquellos que comparten la experiencia de la vida y sufren por el camino como nosotros. La sincera entrega de los que se sacrifican por la colectividad, no importándoles los riesgos de morir en el empeño.  El cariño y  el calor de los seres queridos a los que no podemos ver y echamos de menos. Las llamadas  de teléfono recíprocas que hacemos simplemente para preguntar por personas que hasta hace poco no sabíamos cuánto nos importaban.

Y en esta ola de amor humano renacido, sigue habiendo seres egoístas y necios que no advierten  lo que está pasando, que no caen en la cuenta del daño que hacen a los demás y a ellos mismos. Que no entienden  que en estos difíciles momentos la vida vale más que sus intereses banales y pasajeros.

Son aquellos seres que acaparan sin sentido, que acuden a protestar por céntimos, que no respetan el sacrificio común poniendo en riesgo su vida y la de los demás.  Estas personas ya están recogiendo el fruto de sus egoísmos insensatos; el desprecio y la ignorancia de la mayoría.

Cuando todo  haya pasado y tengamos aún frescas las heridas de lo que hemos vivido,  sabremos apreciar mejor los valores que realmente importan.  Nos juraremos una y otra vez que nunca  más volveremos a perderlos.  Pero poco a poco,  nos iremos olvidando de esos valores y retornaremos a nuestros sueños  de grandeza y de superioridad. El ser humano seguirá despreciando lo que Dios le ha regalado y los cielos volverán a ser grises como grises serán nuestros corazones endurecidos por la soberbia y la necedad de nuestra especie.

Y hasta que llegue ese momento,  que al menos nuestros hijos sepan apreciar lo que realmente importa y que puedan construir,  con nuestro ejemplo y  sobre las experiencias vividas estos días, un mundo mejor.

Paco Zurita

Marzo 2020

LAS ZURRAPAS DEL CAFÉ

Soy de esos que se levantan bien temprano en busca del encanto del primer café de la mañana en un bar. Las mañanas son hermosas y no hay nada como ese olor a café que se escapa de bares y cafeterías que nos ayuda a empezar la jornada con energía y optimismo.

Pero este coronavirus trastoca hasta las cosas más pequeñas de nuestro día a día y nos lleva a cambiar hábitos y costumbres para bien de todos.

Estos cambios de hábito necesarios nos obligan a hacer pequeños sacrificios que podemos convertirlos en una tortura o en una oportunidad que nos brinda la vida. Y si somos inteligentes y maduros, sabremos aprovechar estas circunstancias para, en este parón que nos da el destino, sembrar para el futuro.

Obligado a tomar café en casa, decidí desde el primer día, no tirar a la basura la zurrapa del café y echársela a las plantas.  Así, viendo cómo su crecimiento se hace más vigoroso y sus hojas más hermosas podría visualizar lo positivo que tiene cualquier adversidad.

Porque creo que aquella frase que resume la filosofía del Estoicismo “Hacer de la necesidad virtud”, es la que deberíamos aplicarnos todos para salir triunfantes de esta crisis que nos ha pillado por sorpresa.

Cumplidas las obligaciones laborales o ciudadanas que nos toque en suerte en estos momentos, hemos de cumplir también con nuestro proyecto vital, sacando lo mejor de nosotros mismos que, quizás,  teníamos escondido en el interior  de las prisas y exigencias de cada día.

Es momento de pensar en lo que podemos hacer para sentar los cimientos del futuro, cuando todo esto haya sido superado.  Es momento de mirarnos el interior y poner en orden todo lo que nos frenaba y angustiaba, todo lo que nos hacía daño y nos convertía en cobardes y acabados.  Es momento de poner nuestro granito de arena en una sociedad que va a necesitar de toda nuestra energía, entrega y solidaridad para que la recuperación sea rápida y duradera.

De esas zurrapas desechadas en otras circunstancias -valores inadvertidos, pequeños lujos despreciados, sueños incumplidos, complejos no afrontados-  podremos alimentar las plantas de una vida más auténtica, más racional, más sensata. 

Con esas intenciones que se pueden forjar en estos días de soledad y aislamiento social podremos diseñar un mundo mejor en el que recuperemos tantos valores que perdimos antes de esta crisis.

Mis plantas ya me lo están haciendo ver, creciendo más hermosas con las zurrapas del café.

Paco Zurita

Marzo 2020

EL SEÑOR TENÍA PRISA

Este año el naranjo floreció temprano y no  quiso esperar  a la primavera para dejar caer los blancos azahares por las aceras. Era como si el Señor tuviera prisa en adelantar su Pasión y nos quisiera avisar de algo importante que iba a afectar a la humanidad y que había que afrontarlo pronto.  En el ambiente flotaba un extraño aroma de melancolía quizás presintiendo hechos históricos que nos habrían de suceder. Y como una espesa niebla que nos va envolviendo y quitando la visión, los presentimientos se fueron haciendo realidad. 

Lejos de caer en el abatimiento y en la desazón, este mundo cofrade nuestro, tantas veces denostado y juzgado injustamente por propios y extraños, leyó sin titubeos lo que el Señor tenía tanta prisa en decirnos; ¡que nos necesitaba!

Porque nadie mejor que Él sabe lo que es el sufrimiento, el dolor, el abandono…… y el amor incondicional por la humanidad.

Este año no habrá  cuadrillas que hagan revirás imborrables. Pero habrá cientos de costaleros que harán las mejores chicotás de su vida llevando alimentos y medicinas a los que no pueden salir de sus casas y poniéndose a disposición de cualquier capataz o hermandad que los dirija.

Este año no habrá premios a los mejores saeteros, ni a los mejores momentos en la calle, ni a los mejores estrenos. Pero habrá hermandades que se pongan a disposición de otras para ayudarle en sus proyectos, unidad entre nosotros por un fin común en el que todos creemos.

Este año no habrá triduos, quinarios, septenarios llenando templos o iglesias, pero habrá miles de cofrades rezando en la soledad de sus alcobas, pidiendo ante una foto de su Cristo o de su Virgen,  por los que están sufriendo.

Este año no habrá procesiones, ni bandas, ni silencios rotos por la voz de la saeta, pero habrá nazarenos sacando su papeleta de sitio de forma ejemplar, retales de túnicas que se quedaron sin cortar pero convertidas en mascarillas rojas, moradas, negras,  por las monjas. Habrá dibujos de un nazareno  o de una Virgen que llora para que los coloreen los niños encerrados en sus casas.

Este año no habrá la semana Santa que habíamos soñado los cofrades, pero tendremos aquella que quiso el Señor y que todos acabaremos recordando como una de las más bellas y auténticas de nuestra vida.

El Señor tenía prisa en decirnos cuánto nos necesitaba para ayudarle  a llevar tantas cruces que se nos estaban viviendo encima.

Él tenía prisa, y con la unidad, diligencia y alegría que le estamos respondiendo, deprisa recibiremos su repuesta en forma de bendiciones.

¡El Señor tenía prisa, bendita prisa!

Paco Zurita

Marzo 2020

HORA DE LA RESPONSABILIDAD

            Recuerdo que de niño, observaba cómo las hormigas reconstruían con impresionante  rapidez y disciplina el  hormiguero que la lluvia o mis travesuras destruían por completo. Recogían a sus víctimas y en poco tiempo tenía el mismo aspecto y vitalidad que antes del desastre.

            Que estamos ante una crisis de enorme gravedad y que afecta a todo el mundo, ya nadie lo duda. Vemos como, día a día, los datos de la pandemia nos sobrecogen y nos asustan hasta el punto de lograr que muchos pierdan los nervios y el norte.

            Como en cualquier situación difícil, la naturaleza humana deja ver nítidamente sus grandezas y sus miserias que son, en definitiva,  las que dirimen que la solución llegue más pronto o más tarde.

            Hemos de ser conscientes  de que las sociedades en las que prima la conciencia cívica y responsable,  por encima de los individualismos y posturas egoístas, son las que logran que las dificultades se superen con mayor rapidez.

            Y en mi casa, como ordenan las autoridades, tras acabar mi jornada en el banco, creo que mis pensamientos pueden resultar de ayuda para todos los que quieran escuchar.

            Estoy viendo muchos comportamientos ejemplares que, sin duda, han de servir de modelo para saber cuál  es el camino. Son los de aquellas personas que acuden a sus puestos de trabajo porque son necesarios para los demás. Son aquellos que se ofrecen voluntarios para ayudar a los que tienen dificultades. Son los que lanzan mensajes de optimismo a clientes, proveedores, enfermos… Son todas aquellas personas que no dudan en respetar las normas fijadas para bien de todos.

            Y también hay comportamientos erróneos y, muchas veces ruines, que aprovechan estos momentos para crear división, polémica o reivindicar ideas políticas.  Son también aquellos que crean, tergiversan y difunden mensajes por las redes sociales que no ayudan a superar la crisis sino a demorar su superación. Ante ese tipo de personas, sólo cabe una postura; ignorarlos. El tiempo y las personas de buena fe los juzgarán  cuando pase todo.

            Esta es la hora de la responsabilidad individual de cada uno de nosotros. Porque la madurez de una sociedad no es más que la suma de la que demuestran todos sus individuos. Una responsabilidad que pasa por pensar en los demás cumpliendo escrupulosamente lo que las autoridades nos marquen, sean de nuestra opinión política o no; ahora eso no importa.  

            Lo que realmente importa es acabar cuanto antes con esta situación para empezar de nuevo. Entonces tendremos que dar  lo mejor de nosotros mismos, como hacen las hormigas,  para recuperar lo que nos hemos dejado en el camino.

Paco Zurita

Marzo 2020

POR LA GATERA….

En estos tiempos difíciles y de reclusión en el hogar que nos ha tocado vivir, también es necesario buscar momentos para la  sonrisa y  para la distensión. Si con alguno de mis relatos, consigo arrancar instantes de alegría y optimismo, habrá merecido la pena arriesgarse a contarlo.

El ser humano ha superado muchas dificultades a lo largo de la historia, dificultades que lo han hecho más ingenioso y fuerte para afrontar retos mayores.  Y hoy me he acordado de una historia que me contaba el abuelo de mi mujer y que, a falta de ellos por no haberlos conocido, también el mío.

Las casas antiguas de Jerez y de otras muchas ciudades y pueblos de España, a falta de medios eficaces para mantener a raya a ratas y ratones, tenían en los gatos la solución perfecta para el problema.  Los felinos, que solían sentir la llamada del deber por las noches (tanto para cazar roedores como para asegurarse descendencia gatuna), necesitaban una forma de abandonar y entrar en el hogar de acogida sin el concurso de sus durmientes amos.  La ingeniosa solución no era otra que un agujero, más o menos sofisticado, que las puertas de las casas solariegas tenían en su parte baja.

En una de esas casas jerezanas, vivía una familia acomodada cuya única hija, que ya empezaba a sentir la llamada de la naturaleza,   era celosamente guardada por su buen padre. Enterado el señor de los encuentros furtivos que la muchacha mantenía con un mozo que se encandiló de ella, decidió encerrarla en la casa hasta que pasara la “primavera”

Pero si la primavera jerezana es calurosa y florida, el verano es aún peor y la muchacha no tuvo otro consuelo que hablarle al muchacho a través de la gatera. Situación que contentaba al padre porque tenía a la niña entretenida y la mantenía alejada de los “peligros” del caluroso verano. Lo que no sabía D. José, que así se llamaba el padre de la mocita, era que la madre de la niña le consentía al novio que entrara en el vestíbulo para que la conversación fuera menos incómoda. La niña le juraba que no pasaba de un inocente beso y que, obviamente, necesitaba algo de intimidad.  Eso sí, de corta duración para que no se entusiasmaran demasiado…

El verano pasó y a la buena muchacha empezó a hinchársele la barriga hasta que el padre comenzó a escamarse. Un buen día, viendo que la ropa no daba más de sí, el padre sugirió llevar a la muchacha  al médico para que averiguara el origen del creciente mal….

No pudiendo contener más los nervios, madre e hija se derrumbaron con profuso llanto y confesaron que tal hinchazón de vientre no provenía de una ingesta de higos sino de un embarazo en toda regla.

El hombre, confuso y descompuesto, sólo atinó a preguntar a las dos;  ¿Pero cómo ha podido suceder?

A lo que la madre, meneando la cabeza de arriba abajo le respondió.

¡¡Por la gatera, Pepe, por la gatera!!

Paco Zurita

Marzo 2020

REZANDO EN LA DISTANCIA

No podemos estar como otros años

orando junto a ti en tu septenario,

recitando misterios del Rosario,

y,  en la ausencia,  ¡Nos vemos tan extraños!

No somos ignorantes de los daños

que nos hacemos si somos temerarios

y este año serán nuestros calvarios

sufrir en soledad los desengaños.

Ya que es tu voluntad, en consonancia

rezaremos por todos tus hermanos

contemplando tu rostro en la distancia.

Acoge a muertos y protege a sanos

sol de las Penas, luz de Desconsuelos

Madre de todos, paganos y cristianos.

Paco Zurita

Marzo 2020

LA OTRA PESTE

En la iglesia de San Mateo aún pueden verse paredes y bóvedas encaladas en algunas de sus capillas sobre las que no se actuó en la última restauración del templo. Son los vestigios de las epidemias de peste que azotaron la ciudad en distintos periodos de la historia hasta bien entrado en siglo XVII.
En aquellos duros tiempos, a falta de hospitales y medios adecuados para tratar la mortal epidemia, se dispusieron las iglesias para atender a los enfermos y moribundos. Una de las pocas certezas que se tenía en aquella época sobre la enfermedad era que la cal desinfectaba y, así, se procedió a encalar el interior de los templos desde abajo hasta las mismas bóvedas.
Puedo imaginarme el magnífico templo lleno de personas moribundas sobre camastros improvisados, y cristianos ayudando a los demás entre sollozos, lamentos, vómitos y heces de esos pobres desgraciados.
En aquel dantesco espectáculo, brillaría la luz de Dios en el Sagrario, testigo fiel de la presencia real de Cristo entre los más necesitados a los que acogía en su propia casa.
Imagino que en aquellos terribles años se vivió una Semana Santa distinta, viendo a Jesús en cada uno de esos enfermos que vivían su Pasión con la cruz de la enfermedad. Viendo también a muchos Cireneos ayudando a llevarla aún a riesgo de morir en ese Calvario de la plaga. Viendo a muchas mujeres de Jerusalem cruzar los dedos en señal de plegaria para que Dios alejara el mal de nuestra tierra.
Hoy, casi tres siglos después, ya no hacen falta paredes encaladas y el incienso inunda con su aroma la belleza de nuestros templos, de nuestros altares de cultos, de nuestras sagradas imágenes y de los vivos deseos de todos nosotros de verlos salir a la calle. Hoy, hay hospitales modernos, conocimientos científicos avanzados y muchos más recursos para hacer frente a las enfermedades. Pero, aun así, no es suficiente para atajar el mal. Fue la determinación y la fe de la gente de aquella época la que doblegó a la Peste, con medidas drásticas y dolorosas.
Hoy, como cristianos, tenemos el deber moral de dar ejemplo de civismo y amor al prójimo siguiendo las recomendaciones de los expertos. Sabiendo que, como dijo el mismo Jesucristo, no se ha hecho el hombre para sábado sino el sábado para el hombre. Poniendo por delante el interés común a nuestros propios egoísmos. Siendo conscientes de que la mayor contribución que podemos hacer como seguidores de Cristo a la superación de esta enfermedad es respetar escrupulosamente los consejos que nos hacen los responsables civiles, médicos y de nuestra propia Iglesia.
Debemos recordar también que habrá mucha gente que sufrirá consecuencias económicas. Empresas y profesionales volcados en nuestras cofradías. Gente de bien que confía en nuestro buen hacer. Las papeletas de sitio y otras ayudas o donativos que prestamos en las hermandades no son pago por el lugar que ocupemos en el desfile procesional sino gestos de generosidad que redundan en la sociedad que nos rodea y a la que ayudamos durante todo el año.
Si esta Semana Santa el Señor quiere que le ayudemos a llevar “la cruz” de quedarnos sin procesiones, sin cultos, sin traslados o sin cualquier otro acto, rezaremos en lo “secreto” porque, el Señor que ve en lo “secreto”, nos lo recompensará.

Paco Zurita
Marzo 2020

UNA BODA EN EL JEREZ DE LOS 60

En los años 60 del siglo pasado muchos jerezanos tenían que emigrar de nuestra tierra para procurarse un futuro mejor.  En aquellos años,   un joven relojero de Jerez decidió probar fortuna en Suiza,  donde su oficio era más valorado y mejor pagado que en nuestra ciudad. Pero antes de emprender la aventura, casi sin tiempo, decidió contraer matrimonio con su joven novia del barrio de San Mateo y así podérsela llevar a tan lejanas tierras con todas las bendiciones y prebendas.  Habida cuenta de que su futura cuñada y su prometido también andaban con esa sana  intención,  los cuatro fueron a hablar con el párroco de San Mateo de aquella época, D. Francisco González Cornejo y, tras un concienzudo interrogatorio (un curso concentrado en toda regla sobre el sentido del matrimonio y las obligaciones que conllevaba), el disciplinado párroco dio el visto bueno para  que se casaran  esa misma semana. Eso sí; ¡cada uno con la suya! Y no fueron malas las “explicaciones y consejos” del cura porque al día de hoy siguen los cuatro felizmente casados.   Y eso que el día de la boda todo se complicó un poquito….

          Salieron los novios del templo y cada pareja por separado eligieron lugares distintos  para hacerse las fotos de rigor…. Mi amigo y su flamante esposa se entretuvieron un poco más de lo previsto y llegaron demasiado tarde al convite, preparado conjuntamente por los flamantes contrayentes en el antiguo centro parroquial de San Mateo.  Con gran pesadumbre y apetito contenido, descubrieron que los invitados de unos y de otros ya habían dado cumplida cuenta de los manjares dispuestos sobre la mesa  y  ellos se quedaron sin probar bocado.

          Unos íntimos amigos, que también se habían casado hacía poco y que, además ¡disponían de coche! , llevaron a la hambrienta pareja al  desaparecido restaurante “Cuatro Caminos” y allí cenaron los cuatro con gran satisfacción para sus estómagos porque, según me contaron, allí se comía muy bien.

 Saciados en sus necesidades alimentarias  y con la noche más encauzada, sólo faltaba ese remate que cualquier pareja recién casada de la época esperaba con ansia e ilusión.

 El lugar elegido y reservado era el “Motel Aloha” que en esos años sí que era un hotel,  y no malo por cierto.  Se bajaron del coche de los amigos tras recibir las últimas felicitaciones y ánimos para la faena que les esperaba, y con una explícita sonrisa y un sarcástico guiño les dijeron; “Por la mañana os recogemos”.

          La joven pareja, solos ya en la recepción de ese hotel que estaba “en la quinta puñeta” del Jerez de entonces, recibieron con gran sorpresa y estupor la noticia de que se habían pasado de la hora de la reserva y que un viajante había dispuesto de la última habitación disponible.  El llanto de la novia y el cabreo del novio redujeron el corazón intratable del conserje que buscó por todo Jerez una habitación de emergencia para que los novios pudieran rematar en un cuarto lo que el cura ya había bendecido en la iglesia.

          Y un taxi, que alguno había de guardia a esas horas, los llevó al también extinto hotel “Garaje Centro” en la calle Doña Blanca. Cansados pero muy felices, llegaron los novios a la habitación cuyas vistas daban al muelle de descarga de pescado de la plaza de abastos.  El momento romántico les invitaba a olvidarse de los malos ratos sufridos.  Pero a esas horas de la madrugada,  supongo que con todos los deberes hechos (porque ese detalle no me lo contaron), ya no pudieron pegar ojo….. El trasiego de camiones, cajas, voces y jaleo de la plaza prolongaron los idílicos momentos del despertar jerezano. Y, aprovechando que estaban en el centro,  de allí se marcharon a la plaza del Carbón a arreglar sus papeles para viajar a la  Suiza prometida.

Unos desesperados amigos, sin móviles ni otros medios técnicos que permitieran tener noticias de la incansable pareja,  esperaban impacientemente (y también inútilmente) a que los felices novios salieran de la habitación del Aloha…..

Paco Zurita

Marzo 2020