CARPE DIEM

Reconozco que no lo sabía pero me encanta aprender cosas nuevas aunque sea algo que, por cercano y consustancial a lo que debería saber, desconocía. Enseñaba el paso del Señor de las Penas a una amiga que hace de la Cultura y del Arte una regla de vida cuando me preguntó, mientras contemplaba la magnífica obra de Manuel Guzmán Bejarano; ¿Sabes lo que significan las frutas que hay rematando la talla?. Tuve que reconocer que no lo sabía,  a pesar de las vece que había contemplado el paso de mi hermandad.

Me contó mi amiga que el cardenal Cisneros, ese franciscano y primado de España que vivió en la segunda mitad del siglo XV, tenía como regla de vida la expresión latina “Carpe Diem” y que no puede representarse mejor que con una fruta; sencillamente porque hay que disfrutarla en el momento justo. Si la tomamos demasiado pronto estará dura. Si lo hacemos demasiado tarde estará pasada.  

Pensé en mi manía de guardar vinos buenos que me han regalado a lo largo de mi vida y que reservo como un tesoro para cuando llegue una ocasión especial. Pensé en esa frase latina  y abrí una botella  al azar. El corcho estaba podrido y tuve que sacarlo a trocitos y,  el vino agriado dejó mi boca y mi alma de ese mismo sabor. Pasó el tiempo de descorcharlo en su grandeza, y el valioso vino se fue por el sumidero de mi estupidez.

Así es la vida, como el vino, como la fruta, como nosotros mismos que creemos que existe un futuro infinito en este mundo y se nos escapa de las manos la vida misma pensando que llegarán mejores momentos. Así somos nosotros que nos creemos que vamos a estar aquí  eternamente cuando la vida es un suspiro que ya empieza a exhalar el aire que acaba de inspirar.

Pensé en San Agustín y sus confesiones, en su medida del tiempo, en su concepto de la eternidad. Pensé en aquel estado en el que una jugosa fruta siempre está carnosa, dulce y deliciosa porque el tiempo no existe para que no haya madurado o para poderla pudrir. Es ese estado que supongo alcanzaremos cuando hayamos pasado de esta vida.

Mientas tanto….     ¿Qué sentido tiene hacer grandes acopios de bienes perecederos, o regocijarse con vanidades que se disiparán con el tiempo, o preocuparse por dolores pasajeros? Mejor no haber nacido.

Es la terrible paradoja de aquellos que piensan que la vida tiene sentido mientras se pueda disfrutar, porque creen que más allá de ésta no queda nada.  No vinimos a este mundo intencionadamente ni debemos abandonarlo de forma intencionada. Hay que vivir cada momento, cada segundo, con toda intensidad. Dejar que el tiempo carcoma ese instante en que creemos estar vivos sabiendo que lo que nos llega es un regalo del cielo para abrirlo de forma inmediata.

En esta vida hay que tomarse la fruta en el momento justo, dejando en manos de Dios que la provea generosamente mientras nos lata el corazón  y hasta que nos lleve a aquel lugar donde el tiempo no existe porque la vida es eterna.

No ser tan cortos de mente ni tan parcos de espíritu al pensar que, cortando esta vida a nuestro antojo, nos ahorramos sufrimientos innecesarios, como si sólo mereciera la pena la vida que conocemos; sin pasado, sin futuro, sin presente……

Me acordé de muchos que piensan que aún tienen tiempo para acumular más riquezas, más futuro, más estériles proyectos. Pensé en todas las cosas que podría vivir hasta el momento en el que el tiempo no pase; despreocupado de todo lo superfluo y pasajero. Abrí otra botella de vino que me acababan de regalar y estaba delicioso.

¡Carpe diem!

Paco Zurita

Diciembre 2020

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