TODOS LOS SANTOS Y UN CUADRO DE REMBRANDT

TODOS LOS SANTOS Y UN CUADRO DE REMBRANDT

Hoy, festividad de TODOS LOS SANTOS,  se me ha venido a la cabeza el cuadro de Rembrandt “El REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO”.

 No hace mucho, un buen amigo tuvo la ocasión de contemplar el original que se conserva en el museo del Hermitage de San Petersburgo.  Me confesó que se sintió sobrecogido por aquella majestuosa obra pictórica que el gran artista holandés dedicara a unos de los pasajes más conocidos y hermosos del Evangelio.

Hoy es el día de tantos y tantos santos que, a pesar de sus faltas y limitaciones humanas, ya abrazan a Dios como ese hijo pródigo es abrazado por su padre. Ese es el camino hacia la santidad que tan magistralmente nos enseña el cuadro…..

Siempre me ha interpelado esa parábola, preguntándome cuál de los dos hijos se parece más a mí, cuál de los dos quería más a su padre, cómo actuaría según quién de los dos me hubiera tocado ser en la historia.

En el cuadro, todos los personajes tienen motivo para sentir amargura;  El hijo pródigo, maltrecho y descalzo que llora arrodillado ante su padre. El hijo mayor que,  ciego de envidia y erguido de orgullo, cree que  el abrazo se lo merece él.  El administrador sentado que se golpea el pecho, quizás indignado por la incomprensible justicia de su Señor que contrasta con la que, como hombre, entiende y administra para el amo.

Pero aquellos olvidados personajes, casi imperceptibles,  que parecen no tener importancia alguna en la composición me desvelaron,  tras meditar profusamente, qué es estar en comunión con Dios.

¿Quién se asoma en la penumbra, casi imperceptible, con una mujer a su espalda, quizás su madre,  que lo entiende todo?  Ahí está la magia del cuadro, porque ese personaje sonríe con la aquiescencia y satisfacción de la mujer que lo observa desde la lejanía.

Y yo pienso,  ¡ese es el hijo perfecto!, que no aparece en la parábola pero que se alegra de corazón por su hermano y por el acto de amor de su padre.  Ese que es como su Padre,  que está en su padre,  que es hijo del hombre y que es hijo de Dios. Ese al que todos deberíamos imitar, como han hecho a lo largo de  sus vidas todos esos santos que han perseguido día a día ser lo más parecido posible  a Él.  Ese hijo que deberíamos ser cuando el padre le indica al mayor cuál es el secreto para ser SANTO, para estar en comunión con el Padre.

«Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»

PACO ZURITA. DÍA DE TODOS LOS SANTOS 2019

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