A MI PADRE

Quiso Dios que yo naciera un día de San José que, además, era Domingo de Ramos. Me llamaron Francisco por aquel abuelo al  que, desgraciadamente,  no pude  conocer y José por haber llegado al mundo en tan señalado día.

Era demasiada tentación para mi padre poder bautizar a su primer hijo ante su Virgen del Desconsuelo la mañana de un Martes Santo de 1967. Y esa misma  tarde mi padre vistió la túnica rojinegra orgulloso de tener a un hijo, ya bautizado,  al que transmitirle todo el amor que sentía por su Hermandad.  ¡Y vaya si lo consiguió…!

Hoy, siete de abril de 2022, en el que mi padre cumple 83 años y yo paso de los 55, no siento el menor rubor en reconocer el profundo amor y admiración que siento por él, por su ejemplo, por su legado. Porque es de esas personas que lleva en su sangre la nobleza y la elegancia de dar sin pedir nada a cambio.  De transformar el mundo que le rodea para hacerlo más justo y mejor.

De saber ver lo bueno que existe en cada corazón humano sin importarle el daño que le han causado muchas veces.

De aceptar la voluntad de Dios y los malos momentos con determinación y  una sonrisa.

De ver felicidad en las ocasiones en los que otros ven martirios

De mirar a los ojos cara a cara  a cualquiera que se cruce en su camino sabiendo que tiene el alma limpia y el corazón puro.

De saber decir las cosas sin ofender y de escuchar las ofensas sin guardarse reproches…

El tiempo pasa y con su magistral lección de vida, todos vamos comprendiendo los desvelos y enseñanzas de aquellos que guiaron nuestros primeros pasos y nos mostraron el camino que debemos seguir en nuestro peregrinar. Y sonrío al comprobar que cada día, aún sigue mi padre dándome la mano cuando las cañadas se vuelven estrechas y oscuras.

Mirándome en su espejo, trato con todas mis fuerzas de hacer lo mismo con mis hijos para que algún día, ellos también lo hagan con los suyos.

Muchos me llaman Santiago. No me importa; No los corrijo, sonrío y contesto. Él no me dio su nombre porque quiso que mi madre tuviera un hijo que se llamara como el padre que tan joven perdió. Y, sabiendo que Dios siempre está detrás de todo, yo también sonrío al  saber que pareciéndome a mi abuelo, llamándome Paco Zurita, me llevo un trocito de cada uno. Al fin y al cabo, con orgullo indisimulado de hijo, pregono a los cuatro vientos que SANTIAGO ZURITA, sólo puede haber uno.

Paco Zurita

Abril 2022

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