LA PRÓXIMA SEMANA SANTA

Ojeando viejas fotos encontré una de mi padre en la que ofrecía al  papa Juan Pablo un cariñoso detalle de nuestra Semana Santa.  Sentí  un cierto pellizco y regocijo, porque estos días hemos empezado a oír voces de optimismo con las primeras procesiones en la calle. Cada vez cobra más fuerza el convencimiento de que nuestras hermandades volverán a procesionar en Semana Santa.

Siento en mi corazón una mezcla de escepticismo  y de alegre esperanza ante la ilusión de volver a ver a nuestras hermandades haciendo estación de penitencia. Pero  a la vez tengo fundados temores de perder todo lo bueno que hemos sabido sacar de la situación provocada por la pandemia.

Y es que ha sido tan grande y generoso el bien que han hecho nuestras cofradías por los más débiles y necesitados. Ha sido tan memorable la unión y fraternidad demostradas por todos los cofrades para con los demás y entre nosotros mismos. Ha sido tan patente nuestra entrega y pasión por hacer de nuestros hermanos el verdadero sentido de la Semana Santa, que habiendo gozado del verdadero sentido de nuestra razón de ser, tengo miedo a perderlo.

Disfrutaremos y volveremos a sentir el latido del nuestros corazones vistiendo la túnica nazarena, llevando en nuestros hombros a nuestros Sagrados Titulares, oyendo desgarradas saetas, asistiendo en los templos a triduos  y septenarios, viviendo la Pasión de Cristo en cada paso, en cada esquina, en cada rincón de nuestra ciudad.

Diremos con voz en grito que vamos a recuperar nuestra Semana Santa y yo gritaré en silencio desde fondo de mi corazón si,  finalmente, quiere Dios que así sea.

Pero también meditaré en mi alma y le pediré a Dios que nunca permita que nos olvidemos de todo aquello que nos hizo más cristianos, más solidarios, más unidos, más iguales, más misericordiosos, generosos y abnegados; más cofrades en definitiva que no es otra cosa que imitar a Cristo hasta donde nuestra pobre naturaleza humana nos permita.  Le pediré a Dios que aprovechemos lo sufrido, lo aprendido, lo vivido…. Y que recordando todas esas experiencias sepamos valorar lo que realmente somos, para qué estamos, qué significamos en el seno de la Iglesia.

Bellas por dentro, como lo hemos demostrado, no dejaremos que esa belleza interior de nuestras cofradías se marchite con el paso del tiempo, víctima de nuestros egoísmos, de nuestras envidias y rencillas, de nuestros errores y miserias humanas.

Sólo desde esa belleza interior podremos deslumbrar los ojos de todos aquellos que nos contemplen en las calles y que aún no conocen la grandeza de Cristo en sus corazones.

Sólo con la ilusión de ser misioneros de fe y esperanza podremos portar la túnica nazarena o de lacerarnos el cuello con la molía con el orgullo del deber cumplido.

Quizás como ese niño Jesús de la foto que viste la túnica rojinegra de los “Judíos” y que hizo sonreír al anciano papa, debemos hacer sonreír a Cristo. Ya sabemos cómo hacerlo y si no lo olvidamos nunca……  ¡Qué hermosas Semanas Santas nos esperan!

Paco Zurita

Septiembre 2021

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