LA SEMILLA DEL MAL

Pocas son las personas que estos pasados días no han sentido repulsa, incomprensión y dolor por el vil asesinato de dos niñas inocentes a manos de su propio padre.  Pocos serán los que no se han hecho preguntas sobre la fuerza que mueve a un hombre a matar a sus propias hijas de forma premeditada, despiadada y cruel.  Todos hemos visto cómo, una vez más, se llenan las calles de protestas y los medios de declaraciones vanas pidiendo justicia y medidas para que no se vuelvan a repetir actos tan viles de violencia y muerte.

Pasada la tormenta de furia y duelo, volveremos desgraciadamente a vivir nuevos asesinatos de inocentes y llegarán nuevos lamentos por la impasividad de una sociedad que no sabe poner remedio a esta situación. Y es que, para erradicar el mal de forma definitiva,  hay que ir a la raíz del problema, al embrión que acaba convirtiéndose en planta carnívora, a la semilla del mal……

Un mal que se forja en la más tierna infancia, que se hereda en algunos casos o que se cultiva y riega en otros con la inconsciencia de los padres o la permisividad de una sociedad que mira para otro lado. Un mal que fomenta el odio, la intransigencia, la superioridad moral, ética o cultural,  el individualismo disgregador, el desprecio a los valores morales o religiosos, la permisividad desmesurada, la relativización de todo lo trascendente que habita en el corazón del ser humano. Es la obra silente y perniciosa del príncipe de este mundo que quiere acabar con Dios a toda costa, alejándonos de todo lo bueno que alberga el corazón del ser humano.

Este mal es tan fuerte que pasa por encima de cualquier otro gesto o atisbo de humanidad, sacrificando vidas o sociedades enteras para seguir alimentando el odio que bulle potente en sus venas. Es un mal oportunista, movido por intereses ocultos y egoístas que llevan a la colectividad aborregada a un barranco de desgracias y calamidades.

Podremos endurecer las leyes, prejuzgar a todos los hombres como culpables, hablar de violencia machista como el origen del mal….. Pero no solucionaremos el problema porque ese mal sigue habitando en el interior de esos seres que se han amamantado de esos vicios que hemos fomentado y consentido. No importa los años de cárcel que se le impongan a estos demonios terrestres;  cuando salgan volverán a hacerlo con más saña,  alentados por el odio acumulado en sus años de cautiverio.   

Lo que sí podemos hacer es recuperar aquellos valores que hacen de la sociedad un mundo mejor, donde primen la concordia, el bien común, el sacrificio, la solidaridad y la entrega por los demás. Un mundo donde se ahogue en amor el odio que sembramos en tantos niños que mañana se pueden convertir en maltratadores y asesinos.

De momento, con los que ya son plantas adultas y dan frutos de odio y dolor, habrá que apartarlos indefinidamente de la sociedad hasta que se encuentre un remedio al mal que padecen. Mientras tanto seguiré rezando por ellos y por todos los seres humanos para que encuentren en sus corazones el bien que hemos despreciado y perdido por el camino…..

Paco Zurita

Junio 2021

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