QUINCE EUROS

Apenas si tuve tiempo de conocerlo profundamente, pero tampoco me hacía falta más para darme cuenta de lo grande y hermoso que puede llegar a ser el corazón humano, porque este cura se ganó el cariño de toda una ciudad en apenas 7 años.

El padre Jesús, panadero de profesión, se ordenó sacerdote cuando superaba ampliamente los cuarenta años. Nacido en el pueblo manchego de Herencia, dejó  todo cuanto poseía y se entregó en cuerpo y alma a Dios y a los demás.

Fue haciendo el bien a todo el que podía y, en las pocas ocasiones que tuve  la oportunidad de hablar con él, una sensación de paz y alegría impregnaba mi alma.

Su sonrisa,  siempre en la boca, tenía ese hermoso don de transmitir confianza y cercanía a  los que se cruzaban en su camino. Fue pregonero de la Semana Santa de Jerez  poco antes de morir en la recién estrenada primavera de 2008.

Aunque estaba delicado del corazón y padecía varias dolencias, su muerte llegó por sorpresa una madrugada. A la mañana siguiente, la noticia corrió como un reguero de pólvora y no eran ni siquiera las doce cuando el convento de la Merced  ya estaba lleno de gente, velando su cuerpo inerte que yacía ante el niño Jesús de la Virgen de la Merced que había sido bajado de los brazos de su Madre.

Aquella escena me produjo un profundo sentimiento que hizo aflorar en mí lágrimas que no estaba acostumbrado a verter. Y no era sólo yo….

A las cinco de la tarde, en el funeral, la iglesia estaba literalmente atestada de gente que sollozaba, se abrazaba y lloraba la pérdida de este mercedario que en tan poco tiempo se ganó el cariño de muchos, la admiración de otros y el respeto de todos.

Las palabras del Obispo y la del Comendador después, acabaron con mi resistencia y acabé sucumbiendo a una extraña pena que me invadía el alma.

El padre Felipe, su amigo y maestro, comentó con sentimiento que,  cuando recogió la cartera del padre Jesús, sólo encontró 15 euros. ¿A dónde iba ese hombre con tan poca cantidad de dinero?….. A todas partes. Siempre iba así. No necesitaba nada más para sentirse lleno en esta vida.

Sin lugar a dudas, comprendí que hay almas que llenan las de los demás casi sin proponérselo y aquel “pajarillo de Dios”, como lo calificó su amigo, profesor y compañero, llegó de la Mancha y llenó el alma de muchos jerezanos.

Y, ahora, que tanto sufre el mundo y tantas personas van a pasar necesidades y privaciones, me he acordado de él, porque se sentía pleno y feliz dándose a los demás con sólo quince euros en su bolsillo, despojándose de lo superfluo e innecesario y abrazando el amor de Dios en cada uno de sus hermanos.

Aquí estamos de paso en nuestro caminar hacia  ese mundo donde no existe llanto ni dolor. Mientras,  nos toca más que nunca,  ser solidarios entre nosotros, saborear la humanidad perdida, recuperar valores olvidados y,  lo   que realmente inspira todo lo anterior; El amor de Dios.

Paco Zurita

Abril 2020

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